Por el Psicólogo: Camilo Moreno
Una de las primeras preocupaciones de la sociedad está en rentabilizar la costo de los niños, tratando de equiparar algunos vacíos por cuestiones materiales como regalos, viajes, comida, etc.
Precisamente esto es originado porque los adultos tienen miedo de liberar ciertas fuerzas, ciertas energías que los niños desde que nacen logran evidenciar y que ponen en cuestión compleja su autoridad y su “conquista” sobre los pequeños; a menudo el adulto impone sobre el pequeño sus deseos contrariados, sus malestares y sus modelos que han venido siendo repetición en todas sus generaciones.
¿Cuál es entonces la mirada que le da la sociedad a los niños?
Vivimos en una sociedad líquida donde todo se evapora y constantemente está en evolución, nada es estático diríamos; por lo tanto el modelo y la forma de comprender las problemáticas relacionales en la tríada padres-Hijos se sigue problematizando puesto que no es solo una cuestión de pedagogía, sino un complejo análisis transdisciplinar que permita la comprensión de algo fundamental y es el lugar del deseante y el lugar del que es deseado; lo simbólico.
A menudo vemos niños que se convierten en modelos reducidos de sus progenitores, esto es sin duda alguna, la extensión de la figura del padre sobre el menor, un menor no individualizado y que sigue permeado por el deseo el Otro.
“La dinámica del deseo prescinde enteramente de la moral, pues el inconsciente ignora la oposición entre el bien y el mal”. (Dolto, 1987, pág. 131). La imposición que tiene la sociedad sobre los modelos adecuados o estructurados sobre cómo ser un “buen” padre o una “buena” madre, distan absolutamente sobre la finalidad de este artículo, puesto que ese no es el objetivo; la moral no tiene nunca en cuenta al sujeto en su totalidad sino que solamente recae en la consciencia ignorando totalmente los contenidos inconscientes del sujeto.
La falta de unicidad del sujeto complejiza en cuestión la capacidad de su análisis, el Niño no por ser Niño no se puede abordar de manera psicoterapéutica, al contrario, es fundamental que asista no porque hayan problemáticas, sino para que logre el reconocimiento de contenidos que aparecen en el desarrollo infantil y se haga cargo de ello.
Para que un “hombre” nazca no basta con un hombre y una mujer; Desde su concepción, el niño tiene un deseo de vivir, de crecer. Al deseo de sus padres hay que añadir el del niño que quiere desarrollarse, para hacerse un ser de palabra, responsable […] Si yo he querido, desde la edad de ocho años, ser “ Psicólogo ”, es porque había observado lo que ocurría en mi familia cuando se ponía el ambiente tormentoso.
Todo sujeto, muy precozmente, trata de comunicarse con los demás; esta es una ley que se debe considerar siempre puesto que somos seres gregarios, invitados a vivir en comunidad, “Estamos en los balbuceos de un descubrimiento esencial: que el ser humano es un ser de lenguaje desde su concepción; que hay un deseo que habita en todo ser humano; que tiene potencialidades que nosotros apoyamos o «negativamos».” (Dolto, 1985, pág. 415).
Toda violencia en torno a la búsqueda de contacto causa un trauma, una “micro- neurosis precoz”, precisamente esas cosas no dichas y esos malentendidos suelen afectar a la autonomía del deseo del niño, contribuyendo a que se produzcan trastornos afectivos, incluso psicológicos. Debemos fortalecer la confianza, el lugar del Niño es importante, la mitad autoritaria complejiza las relaciones de la tríada, y establecer acuerdos y cumplirlos es fundamental para el desarrollo integral de los menores.
